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domingo, 22 de enero de 2017

CONFIANZA Y VÍNCULOS EN EL ESPACIO DE MEDIACIÓN


Abordamos hoy uno de los aspectos cruciales de la mediación: el papel que juegan los vínculos y la confianza. Para mi se tratan del combustible que permite que el engranaje del proceso se ponga en marcha y que más adelante se pueda culminar en la transformación de los conflictos y la mejora de las relaciones.





Una de las mayores preocupaciones cuando empecé a trabajar como mediador, hace ya 11 años, fue abandonar el que hasta ese momento había sido mi mayor herramienta laboral como educador social: el vínculo educativo. El vínculo con los niños y niñas, con los adolescentes con los que trabajaba, era el requisito imprescindible para poder llevar a cabo procesos educativos. Se trataban de vínculos muy fuertes, prolongados en el tiempo y que constituían relaciones humanas en las que se vertían emociones, anhelos, decepciones y esperanzas. Así que, una vez tomada la decisión de abandonar la educación social para probar qué tal con la mediación, tocaba elaborar el duelo por esa herramienta que tantas satisfacciones me había reportado. (Para profundizar en las similitudes y diferencias entre el rol del mediador y el del educador social, hace unos años escribí un artículo junto a Laia González, en el libro "L'ofici de la conflictologia" http://www.editorialuoc.cat/lofici-de-la-conflictologia)

El espacio de mediación se convirtió para mi en un nuevo marco para establecer relaciones humanas. Se trataban, esta vez, de relaciones más cortas en el tiempo, condicionadas por los conflictos y el clima emocional que generan en quienes los atraviesan, y por las expectativas que proyectan las personas que necesitan ayuda respecto a los profesionales "expertos" que los atienden. Rápidamente descubrí que la confianza jugaba un papel crucial en este tipo de interacciones. Una confianza que daba lugar, rápidamente, a un vínculo entre los participantes y el profesional. Este vínculo de confianza es el primer eslabón sobre el que se construye el proceso de mediación.

En la literatura se habla de forma extensa del papel de la confianza en la mediación. Uno de mis manuales de cabecera, "Herramientas prácticas para trabajar en mediación" de los profesores Francisco Diez y Gachi Tapia, establece la confianza de los participantes en cuatro fases:

- hacia el mediador,
- hacia la mediación,
- hacia uno mismo y
- hacia el otro.

Se trata, éste, de un esquema conceptual fundamental para nuestro ejercicio profesional y ha sido mi punto de partida para el análisis de este tema. El proceso se va construyendo a partir de una serie de alianzas de confianza que permiten a las personas que tienen un conflicto abandonar sus posiciones iniciales adversariales para lograr un clima de cooperación con nosotros y con las otras personas que participan, que pasan de ser concebidas como adversarias a cooperantes en la solución.

Cuando conduzco talleres para futuros mediadores o superviso a mediadores en activo me gusta hacer incidencia en una de las confianzas que no queda suficientemente explicitada en este esquema: la confianza del mediador hacia los participantes. Es evidente que para que cada una de las partes pueda confiar en el mediador, éste debe haber mostrado sus destrezas profesionales. De igual forma, debe haber podido transmitir y construir el proceso a partir de los principios de la mediación (voluntariedad, imparcialidad y confidencialidad). Pero el instrumento del mediador somos nosotros mismos. Cuando estoy en una mediación soy yo, Oscar, con mis bagajes personales, con mis emociones y mi trayectoria vital, el que acompaña a personas que tienen un conflicto y los sostiene. Y soy yo, Oscar-mediador, el que debe poder confiar en las partes para poder avanzar. Solo si me interesa honestamente el problema del otro y como lo está viviendo, solo si me comporto desde la legítima curiosidad y me relaciono con las partes con franqueza, puedo llegar a legitimarlas (ver el post sobre la legitimidad). De esa manera, confiando en que buscan una solución desde la buena fe, y en que van a ser capaces de afrontar una conversación difícil con la otra parte con nuestra ayuda, puedo comunicar a la otra parte la "noticia de la voluntariedad": "quiere resolver el problema contigo dialogando, y me ha pedido que os ayude". Y debo poder creer que efectivamente "quiere resolverlo" y que "va a poder hacerlo" con mi ayuda, porque tengo las herramientas para hacerlo y conozco mi posición, mi rol, como profesional.

Por lo tanto vemos como el primer vínculo de confianza que vamos a generar es el del  mediador hacia los participantes (1). Para conseguirlo nos basamos en la escucha activa, y en la curiosidad legítima que nos lleva a hacer preguntar para comprender a la persona y su forma de estar en el conflicto. Cuando impulsamos nuestras acciones para alcanzar ese vínculo y conseguimos legitimar, podemos empezar a calibrar si los participantes pueden confiar en nosotros como mediadores (2). Nos basaremos para ello en el autoconocimiento personal y profesional, en las herramientas que hemos aprendido y en ocupar un espacio de tercero, que acompaña y sostiene desde la imparcilidad y la cercanía. Pasaremos a partir de ahí a acompañar a los participantes a salir de su estado de ensimismamiento y debilidad que les llevan a "defenderse" adoptando estrategias confrontativas. Solo si les ayudamos a pasar a un estado de fortalecimiento, y tienen confianza en ellas mismas (3), podrán tener en cuenta al otro y darle un lugar en el conflicto que no sea el de adversario. En este orden difiero del esquema planteado por Díez y Tapia quienes ubican la confianza en la mediación como previa a la confianza en el mediador. Por lo tanto, quiero destacar que para mi, hasta este momento no debemos priorizar hablar de "la mediación". Una de las prácticas mas habituales de muchos mediadores es explicar desde el primer minuto cuáles son los principios: "la mediación es un espacio confidencial, seguro, imparcial, voluntario, cooperativo, autogestionado,...". Una vez explicados todos los pormenores del proceso, en discursos de apertura "tecnificados", largos y tediosos, pedimos a las partes si quieren participar y solo si expresan su voluntariedad de forma explícita, nos disponemos a escuchar qué les pasa. No me extraña que tengamos índices tan altos de falta de voluntariedad. Y es entonces cuando los mediadores acabamos echando la culpa a las partes y a la cultural adversarial en la que estamos inmersos. No quiero decir con esto que la falta de cultura cooperativa no sea una dificultad para avanzar en la aceptación de la mediación por parte de nuestros clientes, pero pienso en si no nos estamos equivocando, en general, en la secuencia en la que planteamos nuestras estrategias en el marco de una entrevista. Siguiendo este esquema, solo cabe explicar qué es la mediación cuando hayamos garantizado que podemos confiar en los participantes y ellos pueden confiar en nosotros y en sí mismos. Y esa confianza se construye sobre una conversación sobre lo que les está pasando, sobre lo que les ha pasado y sobre lo que desean que pase, no sobre lo que es la mediación.


Abordemos pues, como dicen Diez y Tapia, la "sustantivación de la mediación", una vez construidas las tres primeras fases de la confianza. Es entonces cuando podemos hablarles de "la mediación" (4) pero poniendo el acento en las cosas que pueden o no pasar. Prepararemos, de esta manera, la sesión conjunta. Las sesiones individuales deben ser ya, en este sentido, espacios de sesión conjunta. Con esto quiero decir que hemos de generar una hipótesis de conversación en la conjunta ya desde las sesiones individuales para que los participantes estén preparados. Por ejemplo "la mediación es un espacio en el que podreis expresar todo lo que pensais, ¿qué te gustaría decirle en la sesión conjunta?". De esta manera vamos introduciendo los principios de la mediación sobre el relato de lo que va a pasar, de manera más orgánica, sin utilizar la literalidad de los manuales que dificulta el establecimiento de vínculo de confianza entre nosotros y los participantes. Por ejemplo "mi papel en la conjunta será que ambos podais expresaros y escucharos". De esta manera subrayo la imparcialidad sin tener que remitirme a definiciones engorrosas y distantes.

Y solo cuando todas estas confianzas están trenzadas (en la parte, en el mediador, en ellos mismos y en la mediación) se puede abordar el motivo por el que han venido a pedirnos ayuda: abordar una negociación con otra persona en la que no confían. Y ¿cómo se pasa de no confiar a confiar? (5). Es algo sobre lo que aún deberemos reflexionar con más calma. De entrada, porque si confiamos en el mediador y este puede confiar en el otro como en nosotros mismos, esto puede indicar que la otra persona ha sido merecedora de confianza con la misma intensidad que lo hemos sido nosotros. Si el mediador legitima y confía en las dos partes, este es un punto de partida que indica que, como mínimo, podemos cuestionar nuestra desconfianza. Después, porque hemos recibido la "noticia de la voluntariedad". Muchas veces la desconfianza se ubica en un hipotético desinterés del otro a participar de la mediación. La "noticia de la voluntariedad" es la primera piedra del puente que permite pasar de la desconfianza a la confianza. Después vendrá el testimonio del mediador respecto a la capacidad y buena fe en el proceso de la otra parte. Porque cuando vamos a una conjunta es porque estamos convencidos de que las partes van a poder dar lo mejor de sí mismas y puede funcionar. Si no, es mejor no convocarlas, o seguir trabajando en individuales hasta que las partes nos convenzan que van a poner de su parte para que pueda funcionar.

Por hoy dejo aquí este apasionante tema de la confianza y los vínculos. Supongo que habreis podido comprobar porqué decía al inicio que éste es el combustible que mueve los engranajes de la mediación. Otro día me detendré en la importancia que tienen la confianza y los vínculos comunitarios para un servicio de mediación comunitaria. Solo una buena red de complicidades y alianzas con la mediación, permiten que en una comunidad se detecten a tiempo los conflictos para poderlos abordar de forma positiva y se puede implicar a todos aquellos que tienen algo que decir y hacer en la resolución de esos conflictos que son de la propia comunidad. Pero esto será otro dia.





























martes, 27 de diciembre de 2016

UN AÑO EN LA MEDIACIÓN

Llegó la Navidad y el final de año y es tiempo de balances y propósitos. Por eso me ha apetecido hacer un pequeño repaso de lo que ha dado de sí este año. Cuántos retos, cuántos momentos inolvidables y cuántos aprendizajes...



Ha sido ante todo un año de seguir aprendiendo. Cuánto por aprender en esto de la mediación. Me gusta pensar que a nuestra generación - de los primeros que hemos recuperado este instrumento - nos toca equivocarnos y aprender. Otro día entraremos en algo que siempre me da vueltas: ¿venimos los mediadores del futuro o del pasado?, pero eso será en un futuro post. En fin, que ha sido un año de aprendizajes. Por ejemplo, en el mes de marzo, pude disfrutar de un taller con Joseph Folger en Madrid. Fue un auténtico placer disfrutar de las enseñanzas del autor más importante de la teoría transformativa, sobretodo sus ideas respecto a impulsar la transformación de las personas en el contexto de la mediación y como no quitarles soberanía. Me sorprendieron y a la vez me iluminaron, sus críticas hacia la técnica de la reformulación, y cómo, en cambio, plantea la técnica del espejo.


También he tenido ocasión de realizar alguna formación en nuevas herramientas como son las prácticas restaurativas. El enfoque restaurativo nos permite ampliar el espectro de problemas que atender. La mediación, tal y como la entendemos, no se puede aplicar a todas las situaciones de conflicto. Las prácticas restaurativas ofrecen un abanico de posibilidades que van desde la escucha activa, las frases afectivas, las conversaciones informales, a los círculos de diálogo y los círculos restaurativos. El aprendizaje de estas prácticas por parte del equipo nos va a permitir atender algunas situaciones que hasta ahora no contemplábamos: situaciones de acoso escolar, aulas de primaria y secundaria con mal clima,...

En el mes de febrero se celebró la Jornada por el X aniversario del Servicio de Mediación del Ayto. de L'Hospitalet. Ha sido, y creo que será por mucho tiempo, un hito en mi relación con la mediación. Y, entre otras cosas, fue el empujón a la idea de crear este blog. El primer post del blog recoge todo lo que pasó ese fantástico día.

La obra de teatro "La mirada del otro" me ha acompañado también de forma intensa este año. Puso el broche de oro a la Jornada del X aniversario y también he puesto mi granito de arena para que volvieran dos veces más a Cataluña. En Diciembre disfrutamos de un fantástico café-tertulia para mediadores después de la función y la compañía "Proyecto 43-2" colgó el cartel de completo en el teatro Tantarantana. Aquellos que aún no la habéis visto, es imprescindible. Hace vivir ese componente emocional que tiene el encuentro y la conexión entre personas en el ámbito de la mediación. Como dijo una compañera (Anita de mediación penal) "en vez de explicar mi profesión, ya sólo tengo que regalar una entrada". Y se ha consolidado mi amistad con Maria San Miguel, la directora de la compañía,  de la que admiro su valentía y su talento.


Pero esta no ha sido la única experiencia de relación entre teatro y mediación. En mayo fui invitado al estreno de "En veu baixa" al Teatre Lliure. Ferrán Madico, su director, me pidió colaborar con él leyendo juntos el texto y aportando mis impresiones desde la mediación a un texto que refleja el encuentro entre un terrorista unionista del Ulster y el hijo de una de sus víctimas. Toda una oportunidad para descubrir como se gesta y se construye una función desde las primeras lecturas del texto. 


Más aprendizajes, en este caso internacionales, gracias a la participación del Servicio de Mediación en el proyecto europeo LIAISE (Instituciones locales contra el extremismo violento) del EFUS (Foro europeo para la seguridad urbana). Esta colaboración me ha permitido visitar Bruselas y Malmö (Suecia) para conocer el trabajo que se lleva a cabo en estas ciudades para la prevención de la radicalización violenta y de paso sus propios servicios de gestión de conflictos.

Este año he participado en un buen número de Congresos y Jornadas. Por primera vez me han pedido asistir a algun evento fuera de Catalunya. Las dos veces en Galicia. En el mes de junio tuve el honor de participar en el Congreso de Mediación Intrajudicial donde expuse mis ideas sobre el trabajo de mediación y su relación con los cuerpos policiales. 
Y ya en el mes de Septiembre asistimos a Vilagarcia de Arousa al Congreso Internacional de Mediación, Arbitraje y Compliance para recoger un reconocimiento al Servicio de Mediación por contribuir a la convivencia en un contexto urbano de gran complejidad como es L'Hospitalet. El premio lo recogí con Manoli Martínez, mi jefa y amiga, y acompañado por Laia González gran mediadora y compañera. 

Por otro lado, hemos recibido la visita de mediadoras y amigas de otras partes del mundo. En concreto, este año ha visitado el servicio Graciela Curuchelar, notaria y mediadora de Buenos Aires, docente y experta en mediación y resiliencia. 
También ha vuelto a visitar el servicio, esta vez acompañada por una delegación de jueces de Argentina, mi querida Daniela Almirón, además de colega, gran amiga, responsable de la oficina de mediación de Puerto Madryn. Gracias a esa visita se abren posibilidades para colaborar con la provincia de Tierra del Fuego en la creación de un servicio de mediación comunitaria vinculado a las estructuras policiales, siguiendo el modelo de gestión de la convivencia en L'Hospitalet. Tuve la suerte de que Daniela me acompañara a la clase que cada año doy en la Universidad de Girona sobre  "Evaluación en mediación". 

En el mes de junio, invitado por Irene Sendín, participé junto a mi querido Xavier Jiménez, coordinador del Servicio de Mediación Comunitaria del Prat de Llobregat (el primero del estado español) en las Jornadas ¿Mediamos?. Participamos en una mesa de debate en la que se habló de la mediación privada y la mediación pública. Aún estamos lejos de una política pública de mediación. A pesar de ello, muchos municipios y ciudades deciden invertir parte de sus presupuestos en gestionar conflictos de forma pacifica. A mi entender esto no es incompatible con la mediación privada. Podríamos hacer una analogía con la relación entre la sanidad pública y la privada. Ambas conviven en nuestra sociedad con cierto equilibrio. ¿Podremos avanzar a un equilibrio similar en mediación tratando de no generar conflictos entre nosotros los mediadores?

Hace pocos días tuve el honor de ser invitado a la X Jornada de Infancia y Educación Social, en la cual hice el cierre y conclusiones. Este año la Jornada recogió diferentes ámbitos de la mediación en la que la infancia juega un papel (escolar, familiar, comunitaria,...). 
Me preocupa ver como a veces excluimos a los niños y jóvenes de la mediación, cuando son usuarios excepcionales por su flexibilidad y capacidad de aprendizaje. También compartí mis reflexiones sobre como los niños y sus actividades son cada vez más señalados como causantes de conflictos tanto en relaciones vecinales como en el espacio público. Uno de mis próximos posts tratará sobre este aspecto.

Recientemente he impartido, conjuntamente con mi compañera Laia González, el curso  "Herramientas y estrategias para la mediación y la convivencia en el marco de las bibliotecas" organizado conjuntamente entre el Colegio de Bibliotecarios y el Colegio de Educadores Sociales. Es interesante ver como los sistemas tradicionales de resolución de conflictos (normativas, sanciones, castigos,...) no ofrecen respuestas que generen bienestar y cohesión social. Cada vez más se nos requiere a los profesionales de la mediación para asesorar a otros profesionales para mejorar en su forma de gestionar conflictos y para avanzar en un cambio de modelos de los patrones para regular la convivencia en las instituciones. 

Un año más, he continuado con mi labor de Supervisión a los mediadores de la provincia de Barcelona. Ha sido un año de aprendizajes y de buenas experiencias. Han sido muchos los temas que hemos trabajado en este año: la capacidad, y como se trata de un concepto que debe ser flexibilizado y revisitado; la imparcialidad, sobretodo qué pensamientos internos llevan al mediador a poder legitimar a ambas partes con la misma intensidad para que su posición de tercero imparcial sea genuina, como acceder a las segundas partes, como centrarnos más en las personas que en los procesos,... Es un lujo y un aprendizaje continuo acompañar a mis compañeros mediadores en este espacio. En el marco del espacio de Supervisión, también he conducido dos monográficos. Uno sobre la gestión de conflictos por el uso del espacio público, y otro sobre la mediación reparadora, cuando se ofrece como alternativa al pago de una sanción por haber incumplido ordenanzas municipales. Este tema también merece un post en los próximos meses. 


Y finalmente, pero lo más importante, seguir coordinando y disfrutando de trabajar, un año más, en el Servicio de Mediación Comunitaria del Ayto. de L'Hospitalet. Hemos visto como se incorporaban nuevas personas en el equipo, renovándose así las energías y los proyectos. Es imposible aquí resumir todas las acciones que se llevan a cabo para prevenir y gestionar conflictos (talleres, cursos, acciones de prevención, proyectos compartidos con otras areas y entidades,...) Hemos acompañado a un centenar de mediadores escolares y a sus profesores en su labor, formado a unos 40 profesores de primaria en prácticas restaurativas, a unos 50 policías locales, padres y madres de educación infantil, alumnos de secundaria, jóvenes de planes especiales de formación,... Han sido también muchas las mediaciones (vecinales, familiares, asociativas,...). Tantas y tantas personas a las que hemos tratado de acompañar en momentos difíciles. Algunas de ellas han podido solucionar sus conflictos porque confiaron en ellas mismas y en la mediación. Otras no pudieron, o no supimos como ayudarlas. Debemos revisar nuestras actuaciones para mejorar día a día. 

Son muchos los retos para el próximo año. A nivel de servicio ya estamos gestionando los primeros casos de acoso escolar. Gracias a Neus Camacho, y al Servicio de Mediación Comunitaria del Ayto de Sabadell, el referente en estos temas, nos hemos atrevido a intervenir en este tipo de situaciones. Con esa finalidad nos hemos formado y preparado para aplicar las prácticas restaurativas a esta tipología de conflictos. También seguimos trabajando para avanzar en un plan de prevención de la radicalización en la ciudad, con todos los agentes con los que tenemos complicidad. El año que viene se ven venir grandes logros en este sentido. Finalmente, continuaremos contribuyendo a que las personas que practican religiones minoritarias en la ciudad se sientan reconocidas y puedan celebrar sus prácticas religiosas con normalidad, tanto en el espacio público como en los oratorios. Los jóvenes seguirán siendo una prioridad, y los centros de primaria, en los cuales estamos empezando a intervenir desde hace pocos meses. A por el 2017 !














miércoles, 9 de noviembre de 2016

VOLUNTARIEDAD (2). Resistencias y cómo superarlas

En el post de septiembre vimos como la voluntariedad es también parte de un proceso y tratamos de ubicar cuales son los aspectos en los que ésta se concreta. Este mes compartiré algunas de las reflexiones que a lo largo de estos años he ido trabajando junto con mi equipo y otros mediadores de la provincia de Barcelona que hace referencia a las resistencias más habituales a querer mediar y como superarlas.



1) No querer/poder poner energía

Mediar requiere voluntad, disposición, pero sobretodo esfuerzo. En primera instancia hay que esforzarse en volver a explicar el propio conflicto. También en responder a preguntas distintas que hacen que salgamos del relato habitual sobre el mismo. Posteriormente a entender que hay otra parte con una visión legítima y diferente a la propia. Y finalmente a ceder, negociar, pactar, perder... para poder ganar. Hay personas que llegan al espacio de mediación sin la energía que este proceso requiere. Es trabajo del mediador calibrar si la persona podrá o no rehacerse de ese desgaste para poder poner energía en el proceso.

2) Miedo a conectar con las emociones

En  mediación se trabaja con intereses, necesidades, percepciones, pero también con emociones. Una de las ventajas del proceso es que en el mismo se da un espacio para que éstas afloren. Esto es algo que la diferencia de otros medios de gestión de conflictos como por ejemplo los tribunales, en los cuales es impensable poder expresar cualquier tipo de emoción. Vivimos en una sociedad con un claro "analfabetismo emocional", por eso hablar de emociones acostumbra a ser considerado como infantil o como mínimo intrascendente. Los que nos dedicamos a mediación conocemos el poder transformador de las emociones cuando éstas afloran en una sesión conjunta. Pero no todo el mundo está dispuesto a conectar con las propias emociones así como a conectar con las emociones del otro. Debemos ser los mediadores los que calibremos como se relaciona cada persona con las emociones para desplegar estrategias que les permitan aflorarlas y aprovecharlas en pos del acuerdo.

3) Pensar que se puede complicar o perder la relación

Muchas veces consideramos que si hacemos cosas para resolver los conflictos, estas acciones pueden contribuir a empeorar la situación. Lejos de esta fantasía, los conflictos tienden a complicarse si no hacemos algo. Las relaciones se deterioran si dejamos que el malestar, los malos entendidos y los prejuicios vayan agrandando la distancia entre las partes. Hacer llegar la noticia a la otra persona con la que tenemos un conflicto de que lo queremos solucionar por la vía del diálogo, difícilmente puede complicarlo. Lo máximo que puede pasar es que no le interese. Además, los mediadores desplegamos diferentes estrategias para que esta noticia, la invitación a la mediación, pueda ser recibida de forma positiva.

4) Querer ganar y que el otro pierda

Esta es una de las resitencias más habituales de la mediación. Nuestra cultura está impregnada por esta lógica del ganar/perder. El mundo del deporte, el cine, los juegos de mesa, los debates, los concursos de TV,... todo se organiza con esta lógica: para que uno gane, otro debe perder. Así se afrontan los conflictos con los métodos tradicionales adversariales (juzgados, policía,...). Cuando las personas llegan a la mediación pueden no querer porque creen que aceptarla es perder y que por lo tanto eso implica que el otro gane. Uno de los hallazgos de la mediación es que ambas partes pueden ganar, y para ello ambas tendrán que ceder (que no perder). Este descubrimiento de las personas que pasan por la mediación es muy difícil de transmitir en el primer estadio de la misma.

5) Pensar que el conflicto desaparecerá

A menudo algunas de las personas que atendemos no quieren participar de la mediación porque se intalan en la creencia que el conflicto desaparecerá. Esto se concreta en lo que llamamos la "fantasía de desaparición": el vecino molesto se mudará, el problema con el compañero de trabajo desaparecerá cuando lo cambien de departamento, tu pareja te dará toda la razón (lo cuál es similar a su desaparición),... Los conflictos se resisten a desaparecer, y las personas con las que tenemos un conflicto normalmente no cambian su actitud si nosotros no hacemos nada al respecto. A veces hay que dar tiempo para que las personas descubran esta realidad y entonces volverles a plantear la mediación.

6) Desconfianza en la otra parte


Éste es quizás unos de los argumentos que más se esgrimen para rechazar la mediación. ¿Cómo puede alguien confiar y desear dialogar con alguien con quien tienen un enfrentamiento?. La desconfianza al inicio es total, se duda de que asista a la entrevista, de que acepte la mediación, de que juegue limpio. Es el mediador el que tiene que ir sentando las bases para esa confianza. Primero hay que propiciar la confianza en el mediador, posteriormente en el proceso, y más tarde ir sentando las bases para un cambio de percepción respecto al otro. Un momento crucial llega con la noticia de la voluntariedad de la otra parte. Y posteriormente, la actitud de imparcialidad del mediador, irá transmitiendo, de forma indirecta, que si la otra parte merece la confianza del mediador, ¿por qué no darle una oportunidad?

7) Estar muy enfadado y desbordado por las emociones

A menudo las personas que pasan por un conflicto están desbordadas por las emociones. El enfado, a veces, no permite avanzar hacia una posible aproximación a la otra visión de la situación. En esos momentos hay que dejar a la persona expresarse y hacer aflorar todas esas emociones. Solo cabe legitimarlas y acogerlas en un primer momento. Darles un lugar y comprenderlas puede ser la primera fase para superar ese estado y poder afrontar otras fases del proceso con la mente más clara. Desahogarse (dejar de ahogarse) es importante en el primer momento, pero el mediador debe hacer avanzar a las partes para una vez superada la situación de "overbooking" emocional entrar en otra fase más constructiva en el abordaje de la situación.

8) Por una posición desde los valores

¿Cuántas veces no oímos en nuestras mediaciones conceptos como el bien y el mal, la verdad y la mentira, tener "toda la razón del mundo",...? Estos conceptos, tan asentados en nuestra cultura, y vinculados a la lógica "ganar/perder", no permiten avanzar en la resolución de los conflictos. Los mediadores introducimos una lógica que puede ser desconcertante en un primer momento. Para nosotros la realidad es la de cada una de las partes, y la razón es algo que se reparte entre ellas, lo que está bien y lo que está mal depende del cristal con el que se mire,... Un buen recurso es devolverles a los participantes hasta qué punto les ha resultado inútil el posicionarse desde estos conceptos cerrados y explicar cuál será nuestra posición al respecto (imparcialidad o multiparcialidad). Esto que al principio puede resultar, sin duda, desconcertante, más tarde se va a convertir en un motor del acercamiento y el reconocimiento entre las partes. 
9) Por hacer del rol de víctima parte de la identidad

Uno de los aspectos que siempre hay que explorar como mediadores son los "beneficios secundarios" que toda persona obtiene al ser parte de un conflicto. Normalmente, cuando atravesamos una situación conflictiva, recibimos beneficios secundarios (se nos presta atención, conseguimos la consideración de familiares y amigos, nos sentimos vivos e importantes,...) Es importante que el mediador tenga en cuenta estos aspectos, ya que nos podemos encontrar con algunas personas que se resistan a abandonar la situación de conflicto por un miedo inconsciente a perder algunos de estos beneficios. Nos toca explorarlos, explicitarlos y buscar de qué manera se pueden obtener sin necesitar al conflicto para ello.
10) Por querer que se lo resuelvan 

Como sociedad, hemos generado unas expectativas en los ciudadanos que muchas veces tienen más que ver con el concepto "cliente" que con el concepto "ciudadano". A menudo las personas se acercan a los sistemas de mediación exigiendo que alguien les resuelva su conflicto. Somos consumidores de servicios públicos y privados y consideramos que ya pagamos (minutas o impuestos) y por tanto requerimos que alguien nos resuelva nuestros líos mientras nos limitamos a ser espectadores. La mediación devuelve la responsabilidad a los participantes, les dice que serán ellos quienes resuelvan la discrepancia alcanzando los acuerdos que ellos mismos diseñen. Esta visión rompe esta tendencia a lo clientelar que se ha ido instalando en la ciudadanía. Por eso muchas veces la mediación se acaba convirtiendo en el último recurso. Sólo cuando otros sistemas ya no han dado respuesta se recurre a la mediación. Lo adversarial sumado a lo clientelar está llevando a que se extienda la insatisfacción respecto a como se resuelven las diferencias en nuestra sociedad. La mediación responsabiliza e implica. A cambio, genera una gran satisfacción a quienes se atreven y participan en ella.

Éstas son algunas de las resistencias más habituales. Por supuesto que pueden haber muchas más. No desear la mediación es perfectamente legítimo. Nuestra responsabilidad, no obstante, pasa por tratar de buscar cuál es la resistencia a la mediación para valorar si se puede tratar de alguna que pueda ser vencida. No obstante, cuando las partes han sido informadas de las características de la mediación y han decidido de forma serena y acompañada que no les conviene el proceso, solo nos cabe respetarlo y comprenderlo. La mediación no es para todos los conflictos ni para todas las personas.

viernes, 2 de septiembre de 2016

VOLUNTARIEDAD (1). Al principio?


Uno de los principios de la mediación, junto con la confidencialidad y la imparcialidad, es la voluntariedad. Participar en una mediación solo es posible si se hace de forma voluntaria. Pero, ¿qué significa querer participar en una mediación? ¿como se manifiesta esta voluntariedad?.
 
 
 
 

A menudo oímos hablar de la voluntariedad como un requisito de todo o nada: O hay voluntariedad o no la hay. Cuando no hay voluntariedad, el usuario queda excluído directamente del proceso. Pero, ¿cómo acceden los usuarios a esta voluntariedad? ¿Qué les lleva a querer participar en una mediación? Esto es algo que todos los mediadores exploramos en las primeras sesiones. Por lo tanto parece lógico también explorar por qué otros usuarios no quieren. Por supuesto que "no querer" es tan legítimo como querer. Y por lo tanto no me refiero a cuestionar a las personas que no tienen voluntariedad como si su opción fuera menos legítima que las que quieren participar. Es evidente que como mediadores necesitamos a personas que quieran mediar para desarrollar nuestro trabajo y, por otro lado, sabemos que gestionar los conflictos por esta vía aporta muchas ventajas respecto a hacerlo por métodos adversariales. No obstante, si las personas han sido convenientemente informadas, hemos conocido los motivos que les llevan a no querer participar de la mediación y han decidido que desean usar otras vías, el mediador solo puede ponerse a disposición de esas personas por si más adelante vuelven a reconsiderar su posición.

Volvamos a cuando "sí quieren". La siguiente pregunta es: ¿qué quieren?. Porque participar de una mediación implica muchas cosas. Bajo la etiqueta "participar" podemos englobar diferentes acciones y posiciones que requieren de ciertas capacidades y una reafirmación constante en esa postura de voluntariedad:

- Solicitar la mediación o aceptarla

- Asistir a las entrevistas

- Responder a las preguntas de los mediadores y dejarse conducir

- Reconocer que se es parte de un conflicto y que se ha contribuído a su escalada

- Estar dispuesto a cambiar la forma de ver la situación y como afrontar el conflicto

- Aceptar que el otro tiene una visión legítima de la situación

- Aceptar reunirse con el otro

- Aceptar explicarle al otro su visión de la situación y escuchar la visión del otro

- Tener una actitud cooperativa y proactiva

- ...

Podríamos seguir enumerando muchos más aspectos que requieren de un ejercicio continuo de voluntariedad por parte de los usuarios. No siempre las personas que llegan a mediación se sienten dispuestas o preparadas para aceptar todo lo que conlleva. Quizás, en un primer momento, solo pueden aceptar entrevistarse con el mediador, pero no se ven reuniéndose con la otra parte. No queramos correr. La voluntariedad tambíen es un proceso. Valoremos en qué punto está cada participante, qué resistencias puede expresar respecto a participar en cada uno de los aspectos, si la falta de voluntariedad es o no informada y por tanto más o menos legítima, diseñemos estrategias para "promover la voluntariedad" si hay resistencias que nos parecen salvables,...

Finalmente (y quizás no al principio), cuando las partes dicen "sí, quiero!", entonces podemos poner en juego el valor dicotómico y contundente de la voluntariedad. "Quieres?!, porque podrías no querer..." y un poco más tarde "Me ha dicho que quiere hablar contigo... ¿qué opinas? ¿qué vas a hacer?" y también "Lo hace de forma voluntaria!". Cuando se da, cuando ambas partes tienen voluntariedad, recordar este aspecto es el mejor reencuadre a la mediación. Y se puede ir usando durante el proceso. Ya sea en el discurso inaugural ("podíais no haber venido pero estáis aquí y podeis marcharos cuando queráis"), en un momento de crisis ("estais aquí porque quereis solucionarlo...") o para reafirmar el acuerdo ("se ha alcanzado por el esfuerzo y la implicación de todos vosotros")

En el próximo post me ocuparé de las resistencias que pueden presentarse respecto a la voluntariedad y qué estrategias podemos desplegar para impulsarla.

 

jueves, 23 de junio de 2016

Mediar en conflictos por el uso del ESPACIO PÚBLICO


Desde los inicios del Servicio de mediación que coordino, nos planteábamos que algún día deberíamos poder intervenir en conflictos por el uso del espacio público. Ya entonces intuíamos que este tipo de conflictos podían suponer una oportunidad para el Servicio en la línea de demostrar su utilidad. En aquel momento lo veíamos complicado, inviable, se nos planteaban múltiples dificultades. Una de ella los encargos, claramente alejados de las funciones de un mediador. Era un riesgo aceptar ciertas cosas porque podríamos haber desvirtuado la naturaleza del servicio desde sus inicios.

Algunos de los conflictos que más preocupan en nuestras ciudades tienen que ver con el uso del espacio público. En general carecen de espacios públicos suficientes para la alta densidad de habitantes que acogen. Como cultura latina y ribereña tendemos a hacer un uso intensivo del espacio público, nos gusta salir a pasear, tomar algo con los amigos, los niños juegan en las calles. Nuestro clima mediterráneo contribuye a que nos apetezca salir y compartir en espacios públicos. Ese uso intensivo, a veces genera sensación de incompatibilidad. A veces he oído que algunas de nuestras plazas tienen "exceso de aforo". Los chicos quieren jugar a pelota (el deporte nacional, los héroes de nuestra sociedad,...), los abuelos descansar plácidamente sentados al sol, hay quien quiere tomar un helado tranquilamente en una terracita, los perros pasean y hacen sus necesidades, personas de diferentes culturas utilizan los espacios comunes para encontrarse con sus iguales,... Y se genera el malestar, la falta de reconocimiento, se explicitan intereses contrapuestos, las posiciones se hacen cada vez más confrontativas...   Se trata de conflictos cíclicos, ya que cuando llega el buen tiempo el uso se intensifica y por lo tanto los episodios de malestar y las quejas. El ocio se privatiza cada vez más. Mientras algunas clases sociales se recluyen en casa o no salen de los centro comerciales, los más desfavorecidos ven como desaparecen los lugares para la práctica deportiva libre. Las terrazas de los bares, llenos de cada vez más turistas, ocupan el espacio transformando lo público en privado.

Otra complejidad tiene que ver con el hecho de tratarse de conflictos multiparte. En ellos participan u opinan, muchas pesonas, cientos, incluso miles... Hablamos de vecinos que viven directamente en el entorno de esos espacios públicos (a veces que solo los "sufren", otras veces también los usan), de los usuarios (cambiantes en función de las horas y los días), de los comerciantes que tienen sus negocios en esos espacios, sobretodo los bares que pueden tener ubicadas sillas para sus clientes en esos espacios o de los clientes que salen a fumar,.... También hablamos de las asociaciones de vecinos, ya que los espacios públicos no pertenecen estrictamente a los vecinos del entorno. Son recursos que pertenecen a toda la comunidad. Éstas pueden y deben velar por ese uso compartido y comunitario. Corresponderá definir, de forma cuidadosa y pormenorizada, quienes son las partes de cada uno de estos conflictos (vecinos, usuarios, comerciantes, entidades, servicios,...). Y, como no, los gobiernos locales, que siempre son parte, y no una parte menor en este tipo de conflictos. Las decisiones que toman los ayuntamientos para prevenir y/o resolver conflictos por el uso de los espacios públicos nunca son neutrales (prohibiciones, sanciones, mejoras urbanísticas, acciones cívicas o culturales,...) Hay interlocutores que hacen prevalecer su visión sobre el conflicto en este tipo de decisiones. ¿Pueden las decisiones políticas ser neutrales e imparciales en este tipo de situaciones? ¿Deben serlo?

A diferencia de los conflictos más habituales que atendemos en el servicio, como por ejemplo los vecinales, en los cuales las partes son fácilmente identificables y localizables; las partes en los conflictos por el uso del espacio público no son tan fáciles de implicar en un proceso de este tipo. Para empezar hay que trabajar con aquellos ciudadanos que se han quejado (llamando a la Policía, presentando firmas de protesta o colgando pancartas de queja en los balcones,...). Son las personas que generan el clima de opinión y normalmente quienes condicionan las agendas de las decisiones técnico-políticas que se toman al respecto. Con ellos, más que con otros, es necesario trabajar para transformar la legítima queja en responsabilización e implicación. Por lo tanto, nos tenemos que dirigir a estos ciudadanos, así como al resto de los que no se han quejado explícitamente pero pueden estar molestos. Para acceder a ellos se convocan reuniones en las comunidades de vecinos. Ahí se producen entrevistas grupales en las cuales tratamos de ver cuál es la visión de los participantes respecto al conflicto, qué han hecho para intentar estar mejor y les planteamos qué otras cosas se podrían hacer y en qué pueden contribuir ellos. Por otro lado tratamos de hacer presentes a las otras partes haciendo aflorar sus necesidades y tejiendo puntos en común. Como se puede apreciar, un trabajo idéntico al que haríamos en una entrevista de mediación al uso, de las de "manual y despacho". 

Un poco más complicado es el trabajo con los usuarios. Ahí no queda más remedio que hacer "trabajo de campo". Se trata de pasar horas en el espacio público entablando conversaciones con unos y con otros. Mediante esas conversaciones conseguimos interlocutores representativos de las diferentes posiciones e intereses respecto al uso del espacio público (jóvenes, personas mayores, inmigrantes de diferentes orígenes, padres que acompañan a sus hijos para que jueguen,...). Nuevamente entrevistas individuales y grupales, relatos de posiciones e intereses, exploración de necesidades, propuestas y responsabilización. El trabajo del mediador, pero en un ambiente informal y en el espacio en el que se produce el conflicto. Y de igual manera trabajaremos con los comerciantes, con las entidades del entorno, con las asociaciones y servicios...

Y después de un tiempo de trabajo, normalmente unos meses, en los que se ha ido tejiendo una red de complicidades y de interlocutores que se sienten vinculados al conflicto, se puede convocar la "sesión conjunta". Por fin reunimos a las diferentes partes, con una metodología dinámica y bien conducida, en un espacio ajeno al lugar donde tiene lugar el conflicto (salones de actos de institutos o escuelas, equipamientos municipales,...). En un primer momento se devuelve a los participantes su propia visión sobre la situación: por qué les gusta ese espacio público (reformulación en positivo para empezar la reunión), qué problemas señalan, qué se podría hacer, qué pueden hacer ellos,... Poco después llega el momento de la controversia. Se organiza a los participantes en grupos diversos y se les pone a trabajar con una metodología participativa tratando de que sea la propia metodología la que haga de soporte a la mediación. Y ahí vemos como discrepan, como construyen, se conocen y  reconocen, se responsabilizan,... Y acabamos la sesión compartiendo resultados y valorando como llevar a cabo las propuestas. Es el momento de la celebración, cuando sentimos que estamos avanzando para superar el conflicto, y por lo tanto apetece celebrar. Es importante cuidar tanto lo informal como lo formal, quien se sentará con quien, quién marcara los tiempos, cuál es el rol de cada profesional, qué otros servicios intervienen,...

Sería muy extenso reflejar aquí los pormenores de este trabajo. Lo importante para mi y para mi equipo es que es y ha sido posible. Se puede mediar en conflictos por el uso del espacio público. Solo se requiere tener suficientes recursos para poderlos invertir en un proceso largo y complejo. También es necesaria la legitimidad para hacerlo, que el encargo recibido por la institución sea claro y explícito. Y sobretodo, que los responsables políticos estén dispuestos a recibir las propuestas que surjan del proceso y a darles curso. Este es un requisito que debe ser trabajado desde el inicio del encargo. Solo si el esfuerzo de los implicados es visibilizado como útil se pueden sentar una ciertas garantías para que el conflicto del espacio público pierda intensidad. 

Si se dan las condiciones, si se puede dedicar el tiempo necesario, si se da continuidad a los procesos y los grupos resultantes se empoderan y ganan en representatividad, vemos como se reducen las quejas y baja la tensión. Muchos requisitos, que no siempre se dan. Además , esto no implica "solucionar el conflicto". El espacio público es conflicto por definición y no es una finalidad del servicio ni de estos procesos, su desaparición. Sin embargo, los que se vivían como adversarios se convierten en aliados, los políticos disponen de grupos representativos y legitimados con los que tomar decisiones más equilibradas, las personas se conocen, la tensión baja, la convivencia se hace posible. Los mediadores, expertos en generar conversaciones improbables (C. Gimenez), podemos poner nuestras capacidades y nuestro rol a disposición de conflictos públicos y complejos como estos. Solo hay que tener la legitimidad, los recursos y atreverse.