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jueves, 14 de diciembre de 2017

MEDIACIÓN POLICIAL o POLICÍA MEDIADORA

Abordo en este post un debate recurrente sobre el cuál me siento interpelado de forma frecuente. Por mi experiencia en L'Hospitalet comparto Departamento y retos con compañeros policías. Por otro lado, en los últimos años he formado, y continuo formando, a policías locales de diferentes municipios en habilidades mediadoras. El año pasado, incluso, me invitaron a la Academia Gallega de Policía para hablar sobre "Mediación Policial"...



Los policías tienen entre sus funciones "la cooperación a la resolución amistosa de los conflictos privados cuando sean requeridos para ello" (Ley 2/86, de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad). Se suman en este encargo social a otros profesionales: abogados, trabajadores sociales, mediadores,... Por otro lado, y por encargo constitucional (art. 139), la policía tiene como función garantizar la seguridad pública. Esto implica el uso legítimo de la fuerza para evitar que los conflictos escalen hasta un punto de no retorno. Como siempre comento en mis formaciones, el modelo de escalada de conflictos sitúa el punto final en la desaparición de una de las partes. Esta desaparición en ocasiones puede ser literal y cruenta (por suerte, las menos), la mayoría de veces es más sutil (compañeros de trabajo que cambian de departamento, vecinos que se mudan, parejas que nos dan la razón,...). Para no llegar al punto de la desaparición cruenta, los ciudadanos llaman a la policía buscando que se interpongan entre ellos y sus adversarios. Esta intervención de intermediación en momentos de escalada del conflicto es exclusiva de la policía. Y es uno de los aportes más importantes para garantizar la seguridad pública. Los ciudadanos confiamos en la policía en situaciones en que pensamos que ya no podemos manejar la comunicación con el "otro" y pensamos que, si continua esa comunicación, corre peligro nuestra integridad (o la del otro). En esos momentos la policía adquiere una legitimidad que emana, no solo de su propio encargo constitucional, sino del reconocimiento que les otorgamos como ciudadanos "en peligro". 

Mientras que la legitimidad de la intervención policial en momentos en que la seguridad está comprometida es incuestionable, ésta no es tan evidente en aquellas situaciones en las que los conflictos son más bien problemas de convivencia. ¿Qué ocurre en la relación entre vecinos cuando llamamos a la policía para que los reprenda por hacer mucho ruido en un horario que no sea especialmente protegido? ¿Y si esos ruidos se debieran a la vida cotidiana (juegos de niños, arrastre de muebles, TV alta,...)? Los mismos policías reconocen que, a menudo, su intervención, una vez contenida la escalada, lejos de solucionar los conflictos, los pueden agravar. Y que, a veces, son requeridos por la población como una especie de "agresión sutil" hacia el adversario ("si no haces lo que quiero, llamo a la policía").

Esta reflexión y otras de índole estratégico han hecho que los cuerpos policiales se hayan ido modernizando. Ya desde hace décadas, se han ido incorporando nuevos dispositivos policiales para subrayar un enfoque preventivo de la gestión de los conflictos. Vemos como se implementan programas de "agentes-tutores" que se vinculan a los centros educativos, "policías de proximidad" conocen en profundidad y generan vínculos con el territorio para detectar las situaciones de peligro de forma precoz, se especializan algunos policías en la mediación para la gestión estratégica de conflictos,...

En L'Hospitalet desde el 2001 existe una "policía mediadora" que, desde la creación del Servicio de Mediación Comunitaria en el 2006, cambió su nombre por "Unidad de Tratamiento del Conflicto". Estos compañeros son especialistas en intervenir en aquellos conflictos, vinculados a aspectos de seguridad (amenazas, insultos, ocupaciones ilegales,...) que ya no están en escalada pero necesitan un abordaje posterior, planificado y especializado. Son policías que visten de paisano y que trabajan entrevistando a cada una de las partes en sus domicilios con técnicas similares a las de mediación. En municipios como Girona, Reus o Mollet del Vallés los policías locales hacen la mediación comunitaria en dependencias policiales y vestidos de uniforme. Los Mossos d'Esquadra disponen desde hace años de un cuerpo de mediación policial con el que tratan de reconducir situaciones de tensión que se puedan dar como consecuencia de manifestaciones y movimientos sociales. En Galicia hace ya años que la Academia Galega de Seguridad Pública forma en mediación a las tres policías que operan en su territorio con el proyecto de habilitarlos como mediadores. En Vilarreal (Castellón) se han organizados ya dos Congresos Iberoamericanos de Mediación Policial y en el 2015 se creó un Cátedra del mismo tema,...

Mientras tanto, y desde hace ya más de una década, cada vez aparecen más Servicios de Mediación Comunitaria, y los "mediadores civiles" convivimos con la policía en los territorios en los que trabajamos. 

Y aparece entonces el debate sobre qué ventajas aporta a la mediación que sea llevada a cabo por policías y qué inconvenientes plantea. Éste es un tema sensible ya que la mediación como profesión es aún muy frágil, mientras que la policía, convendremos, es una figura profesional claramente consolidada. Sin embargo, la fragilidad de nuestra profesión, no puede llevarnos a obviar el debate. 

En primer lugar creo que es una gran noticia que la policía cada vez se interese más por los instrumentos propios de la mediación. Es un claro síntoma de madurez social y de democratización de nuestras policías. Los agentes son expertos en conflictos. Su trabajo consiste en contenerlos y gestionarlos. Cuántas más herramientas tengan para analizarlos y poderlos gestionar de forma estratégica mucho mejores serán los agentes. Pero, para entrar en el debate, pienso que se debe poner el foco en la percepción que tienen los ciudadanos, en la expectativa que se genera hacia la figura del mediador. Y cómo esa expectativa puede quedar condicionada por el hecho de que la mediación la lleva a cabo un policía-mediador o un mediador-nopolícia. Siempre hemos señalado que el poder del mediador es su "no-poder". Esta ausencia de poder del mediador se concreta en la imposibilidad de conducir la mediación hacia ciertos temas o condicionar los posibles acuerdos, y hace que todo el poder se traslade a las partes. El empoderamiento es uno de los aspectos fundamentales para impulsar en los participantes, ya que les hace salir de su estado de ensimismamiento y debilidad, y las capacita para poder escuchar y reconocer al otro. Este no-poder entra en contradicción de forma evidente con la figura policial. ¿Cómo se puede desposeer al policía de su poder? Incluso tratándose de aspectos que no afectan a la seguridad, ¿cómo puede un policía quedar al margen de un problema en el que se ha implicado si una de las partes no pone de su parte? Conocemos la tendencia de los participantes a tratar de "colonizar" al mediador, a tratar de obtener "toda la razón" en detrimento de las razones de la otra parte. En otras ocasiones pueden reconocer que se han equivocado, que han podido insultar o sobrepasarse, incluso que han incumplido alguna normativa,... ¿Cómo hacer eso en presencia de un policía?. Y luego hablemos de confidencialidad. Un día dedicaré un post a este tema. La confidencialidad en mediación afecta a lo que se transmite entre las partes. Pero también, en menor medida, debemos cuidar aquella información que pudiera perjudicar a los participantes si trasciende al ámbito público. Dudo que si la mediación es conducida por policías puedan los participantes expresar cosas que aparecen si los que median no lo son. Pero soy consciente que me muevo en arenas movedizas y me emplazo a un futuro post.

En conclusión: mi opinión es absolutamente favorable y convencida a la policía mediadora, entendiendo la mediación como una herramienta más que el policía puede usar en alguna de las fases de su intervención, y que puede ser abandonada por una labor más coercitiva si las circunstancias lo requieren. Sin embargo la mediación policial me genera varios interrogantes. Como dijo mi admirado Ramón Alzate ¿es un oxímoron?. Ciertamente genera contradicciones conceptuales profundas. Pero mi opinión no está cerrada, es un debate abierto del cuál quiero seguir participando.

Mientras tanto expongo el modelo de L'Hospitalet como un esquema de éxito. El trabajo coordinado de policías mediadores y de mediadores comunitarios nos ha permitido complementar nuestro trabajo y poder reconducir a la mediación un gran número de conflictos que antes quedaban desatendidos. A veces la policía ayuda a impulsar la voluntariedad generando confianza hacia el proceso de mediación y los mediadores, y en otras ocasiones, si la mediación no avanza y se produce una situación de vulneración de derechos en los ciudadanos, somos los mediadores quienes aprovechamos los vínculos generados para que las personas se acerquen a una policía cercana y amable. Diferentes roles puestos al servicio de la mejora de la convivencia.

Que siga el debate !



martes, 22 de agosto de 2017

¿Y ahora qué? Algunas preguntas y reflexiones después de los ATENTADOS de Barcelona y Cambrils





Aún con las emociones confusas, tratando de digerir lo que nos has pasado, esta vez, cerca de casa. En una combinación de tristeza, rabia, dolor e incredulidad, trato de poner orden a algunas preguntas y reflexiones que ya hace tiempo que vamos trabajando en ámbitos de mediación comunitaria. 

Para empezar las preguntas: ¿Qué ha pasado? ¿Cómo se radicalizaron estos jóvenes de Ripoll que a ojos de sus familias y educadores parecían incluidos? ¿Qué factores de vulnerabilidad detectaron las personas que los captaron y los radicalizaron? ¿Qué ofrece la violencia a estos jóvenes que tanto les atrae hasta el punto de estar dispuestos a perder la vida matando? ¿Qué más se podría haber hecho? ¿Qué podemos hacer para que no vuelva a ocurrir?




Estos días muchos musulmanes se manifiestan para rechazar la violencia. Ayer mismo pude acompañar a un buen grupo que se manifestaron en el centro de Barcelona al grito de "Somos musulmanes, no terroristas" y "Todos somos Barcelona" https://elpais.com/ccaa/2017/08/21/catalunya/1503345717_132178.html
Nuestros vecinos musulmanes sienten la necesidad de desmarcarse de la violencia. Muchos los miran como culpables de lo que ocurre, corren rumores sobre su falta de integración, sobre su supuesta ventaja para acceder a ayudas sociales,... Son doblemente víctimas: de la violencia que actua indiscriminadamente y del estigma de la islamofobia. Debemos acompañarlos y solidarizarnos en esta situación, como ellos lo hacen con el resto de la sociedad. Debemos construir un "nosotros", decir que todos hemos sido víctimas de un ataque que busca dividirnos y quebrantar la convivencia. Pero también debemos exigirles que sigan avanzando en algunos aspectos: que impulsen la modernización del islam, que hagan predominar la visión abierta y tolerante de esta religión, que participen de los espacios interreligiosos y comunitarios, que militen en la política, que se hagan policías, enfermeros,...

La exigencia debe ser mayor hacia las instituciones: hacia los gobiernos (estatal, autonómicos y locales). Algo debemos hacer para mejorar la situación del islam y de los musulmanes en nuestra sociedad. Me preocupa ver la situación de los oratorios, muchos de ellos ubicados en garajes en bajos de edificios, en carpas, en zonas industriales, en situaciones de precariedad extrema. ¿Cómo legitimar una religión y a sus seguidores en esas condiciones? ¿Cómo no transmitir, con esas condiciones, a las nuevas generaciones de musulmanes que son ciudadanos de segunda?. Institucionalicemos el Islam. Con el Islam estamos actuando como si fuera una realidad transitoria, como si con el tiempo la sociedad se fuera convirtiendo cada vez en más laica, y el islam fuera una anomalía con tendencia a desaparecer. Lejos de esto, necesitamos instrumentos para institucionalizar el islam. Algunos aspectos en los que deberíamos incidir son: Regular el acceso a la figura de imam a partir de unos requisitos formativos y de trayectoria personal, institucionalizar las escuelas coránicas en las que participan muchos niños y jóvenes como actividad extraescolar, incorporar las clases de religión islámica a las aulas (¿cómo es posible que en las escuelas e institutos de Catalunya no haya ningún profesor de religión islámica, como recoge la Constitución y los acuerdos firmados en 1992? https://www.elconfidencial.com/sociedad/2016-05-21/musulmanes-apoyo-ccaa-religion-islamica-colegios_1204055/). Mientras que los musulmanes no dispongan de instalaciones dignas para el rezo y para sus clases de forma autónoma, deberíamos poder facilitarles esos espacios, en parroquias, en centros cívicos,... sería una forma de acercar el islam a las instituciones y a la inversa. 

Son días en que nos felicitamos por la labor de la policía. Sin duda han hecho un excelente trabajo y todos sentimos que, a pesar de lo ocurrido, nos han protegido. Trabajo con compañeros policías cuya labor es de una gran profesionalidad y cuyas prácticas son exquisitamente democráticas. Pero no debemos ocultar una realidad que debe cambiar: la tendencia policial a pedir identificaciones en función de ciertos perfiles étnicos (https://sosracismo.eu/tedh-perfil-etnico/). Hasta hoy, con 40 años, nunca me pidió la policía mi identificación. Algunos chicos de padres marroquís o dominicanos me comentan que algunas semanas les han pedido identificarse hasta tres veces. Esto no contribuye a sentirse parte de la sociedad. Joven e inmigrante siguen siendo dos conceptos que asociamos de forma estigmatizadora a conflicto. 

Y ¿qué podemos hacer nosotros, mediadores comunitarios? Somos, quizás, una de las figuras profesionales con más herramientas para contrarrestar las amenazas a la convivencia. Uno de nuestros encargos es el de acercar a los diferentes colectivos, no solo de forma reactiva (cuando los conflictos derivan en consecuencias negativas) sino también de forma preventiva. Debemos impulsar espacios de encuentro intercultural, fomentar el diálogo interreligioso, acercar a personas de los barrios que por propia iniciativa difícilmente interactuarían. Impulsar esos "diálogos improbables" de los que nos habla Carlos Giménez. Podemos conducir talleres de comunicación y prevención de conflictos con familias, y ahora de forma prioritaria con familias musulmanas. Podemos, como ya estamos haciendo, impulsar Planes municipales de Prevención de la radicalización violenta en aquellos municipos en los que trabajamos (http://elfar.cat/not/15522/pla-de-prevencio-de-la-radicalitzacio-i-dels-extremismes)

Pero la conviencia es un desafío para cada uno. Cada ciudadano puede ir al encuentro de sus vecinos para tender puentes, para generar ese "nosotros", que unos pocos quieren destruir con la violencia. Son días de pequeños gestos, de preguntar a nuestros vecinos musulmanes cómo están, de hacerles ver que vamos a la una, que no los señalamos como culpables, si no que nos reconocemos mutuamente en el dolor. Todos hemos visto en nuestros facebooks, twiters, wasaps... señales de islamofobia, también de catalanofobia... Sepamos utilizar las herramientas de la comunicación no violenta para transmitir como nos sentimos en estas situaciones y contrarrestar a aquellas personas de nuestro entorno que tienen menos recursos o que se han dejado dominar por la rabia y el miedo. 

Mucho por hacer..., que la indignación de estos días se canalice en proyectos y estrategias personales y comunitarias. 








jueves, 11 de mayo de 2017

MEDIACIÓN COMUNITARIA: Mucho más que mediación vecinal



El post de este mes apareció hace unos días en el Blog "A mediar" de Tomás Prieto. Tuve el honor de aparecer así, en uno de los blogs más importantes de mediación en España. Podéis consultar el original en http://www.amediar.info/que-es-la-mediacion-comunitaria/


Cuando se habla de "Mediación Comunitaria" se cometen, a mi entender, algunos errores de concepto. Trataré de aclarar mi posición al respecto y de ilustrar, con el ejemplo del Servicio de Mediación Comunitaria del Ayuntamiento de L’Hospitalet, que coordino desde hace 11 años, qué tipo de actuaciones se hacen en mediación comunitaria y cuál es el enfoque. Habitualmente se entiende que el apellido “Comunitaria", cuando acompaña al nombre propio “Mediación”, hace referencia a aquellas mediaciones que se llevan a cabo en comunidades de vecinos. Se confunde así la "Mediación vecinal" con la “Mediación Comunitaria”.


En el post que se publicó hace unas semanas en el blog "A Mediar" (http://www.amediar.info/mediacion-comunitaria-resolucion-conflictos-vecinales/), se hablaba de la Mediación Comunitaria como una suma de Mediación vecinal y Mediación intercultural, situándola en contextos de alta diversidad cultural. Me parece buena idea incluir la mediación intercultural a la mediación comunitaria. Sobretodo, porque así le sumamos la contribución a la convivencia que aporta, más allá del componente de mera traducción que a menudo se le atribuye. Pero mediación comunitaria es mucho más que mediación vecinal y mediación intercultural. Veamos algunas definiciones:


En el capítulo del Libro Blanco de la mediación en Catalunya, dedicado a la “Mediación comunitaria”, que coordinó Maria Munné, se señala que “la mediación ciudadana[1] y comunitaria se define por ser un ámbito transversal y a la vez tener un campo de actuación propio”(p. 381). El carácter transversal hace referencia a los conflictos de carácter privado y a los de carácter público. Se abarcan conflictos relacionales, vecinales, derivados de actividades económicas, educativos, por el uso del espacio público, familiares, asociativos,… algunos de ellos con componentes interculturales e/o intergeneracionales.  Por lo tanto, los mediadores comunitarios trabajan los conflictos que surgen en el seno de la comunidad en la que se implementa el Servicio, en el municipio. Será cada entidad local, prestadora del Servicio, quien defina, en función de sus políticas, que tipología de conflictos son de atención preferente por parte del correspondiente Servicio de Mediación. Vemos así diferencias notables entre los distintos municipios. Algunos Servicios incluyen conflictos de consumo, otros se han especializado en la mediación hipotecaria, algunos se señalan por utilizar la mediación como alternativa al pago de sanciones cuando se producen infracciones a las ordenanzas de civismo, etc.


Podeis seguir leyendo el resto del articulo en http://www.amediar.info/que-es-la-mediacion-comunitaria/







jueves, 27 de abril de 2017

NIÑOS Y NIÑAS EN LA MEDIACIÓN




Escribo este post en colaboración con Isabel Bujalance, Educadora Social, terapeuta y mediadora familiar y comunitaria. Co-autora del "Manual del mediador de familia en Cataluña". 



Mediación comunitaria 

Estos días andamos ultimando la Memoria 2016 del Servicio de Mediación. El año pasado, al igual que los anteriores, los conflictos entre vecinos han sido los más habituales, y más concretamente aquellos conflictos generados por molestias de ruidos. 

En los últimos años ha ido despuntando una tipología de conflicto por ruidos que se ha ido imponiendo sobre el resto: los conflictos por ruidos de convivencia y por niños. Esta categoría prácticamente no existía anteriormente al 2010, y en cambio ahora supone una cuarta parte de los procesos de mediación que asumimos desde el Servicio. Nos ha sorprendido ver cómo, cada vez más, los solicitantes de procesos de mediación, lo son porque sienten como molestos los ruidos que provienen de casa de sus vecinos por actividades infantiles. 

Aparentemente, con una mirada poco mediadora, nos puede parecer que se tratan de unas molestias que pueden ser injustificadas ya que "¿a quién se le puede ocurrir quejarse de los ruidos que hacen los niños?". Sin duda que todos consideramos a la infancia como un valor a proteger y sus juegos y actividades un derecho de los mismos para desarrollar sus capacidades y su personalidad. Pero esto no es, o no debe ser, la línea de pensamiento de los profesionales de la mediación. Ya hay otros profesionales que se ocupan de esos aspectos. Cuando una persona se acerca a nuestro servicio porque tiene un problema de convivencia con otra persona, que no ha podido resolver por su propia iniciativa, debemos legitimarla y comprender quelo que le pasa, le sobrepasa. Por lo tanto, para nosotros, quejarse por los ruidos de los hijos de sus vecinos es tan legítimo como quejarse de cualquier otra molestia (fiestas, música, arrastre de muebles, golpes, tacones,...). Además estas personas llegan a nuestros despachos a la defensiva. Es muy probable que hayan explicado esta situación en varios lugares, incluso hayan llamado a la policía cuando han pensado que ya no podían más. Muchas veces se les ha atendido con condescendencia, juzgando a estas personas como especialmente intolerantes, sin entrar a comprender por qué se sienten así, cuál es la naturaleza de las molestias y por qué les afectan en ese grado. Eso no quiere decir que los justifiquemos o que compartamos su posición al respecto, simplemente que podemos entender que tienen un problema y que necesitan de nuestra ayuda. 

Se trata de conflictos que socialmente son catalogados como "poco importantes" o "intrascendentes". Puede ser este el criterio que esté llevando estos casos a la mediación: cómo la intervención advesarial más clásica (policía o juzgados) no da respuesta a esta problemática, se derivan a las instancias de mediación. Pero no nos confundamos, ni la mediación sirve solo para lo "poco importante" (la mediación penal está dando grandes resultados y se ha hecho mediación incluso entre exterroristas y sus víctimas con resultados sorprendentes) ni nos encontramos ante "conflictos fáciles". Este tipo de situaciones conllevan una gran cantidad de malestar y la expresión disruptiva de emociones de disconformidad. Cuando los solicitantes se quejan, lo pueden llegar a hacer de forma muy despectiva, juzgando en muchas ocasiones la forma en que sus vecinos educan a sus hijos y llegando incluso al insulto. En el otro lado, las personas cuyos hijos son señalados como molestos, pueden sentirse impotentes y agredidos al sentir que se señala algo sobre lo que no pueden hacer nada. Incluso se pueden desarrollar reacciones agresivas al entender que deben defender lo más sagrado: sus hijos. Todo se puede complicar un poco más si ambas partes tienen edades diferentes (personas mayores que se quejan de matrimonios jóvenes con hijos) o de orígenes diferentes (los "de aquí" y la forma "correcta" de educar a los pequeños y los "de allí" que "parece que siguen en la selva"). Vemos, entonces, como lo que parecía un conflicto intrascendente se convierte en un enfrentamiento que puede llegar a una gran intensidad. La mediación se muestra, ante esta tipología de casos, de gran utilidad: se trabajan las emociones, se impulsa el reconocimiento mutuo, se buscan puntos en común, se separan a las personas de los problemas,... Nos enfrentamos a sesiones conjuntas donde afloran las emociones y el malestar y donde puede impulsarse un reconocimiento mutuo si los participantes están dispuestos a aceptar la humanidad del otro. Esa es nuestra hoja de ruta. 


Pero no son estos los únicos conflictos que protagonizan los niños y niñas. En los conflictos por el uso de espacio público, más agudo en ciudades densamente pobladas donde el espacio público es un bien por el que se compite, el mayor problema que se señala es el juego de pelota. Nuevamente, esta vez en las calles y plazas, las actividades infantiles son señaladas como generadoras de molestias y por tanto de conflictos. No es hoy el día de profundizar en por qué algo habitual y normal en el pasado se ha convertido en una actividad que está siendo prohibida, sin mucha base jurídica, en cualquier espacio público de nuestras ciudades. Nuevamente, debemos incluir en nuestros procesos a todos los afectados (vecinos, niños y niñas que juegan, familias, comerciantes, asociaciones,...). Se trata de abandonar las posiciones para hacer compatibles las múltiples necesidades.  

Mediación escolar

Cuando los pequeños pasan de ser el objeto al sujeto de la mediación ocurren grandes cosas. Vemos, así, como los sistemas de mediación escolar triunfan en las escuelas de primaria e institutos de secundaria. Es impresionante ver con que naturalidad los adolescentes median en los problemas que tienen sus iguales, con un criterio y un "saber hacer" fascinante. En el Servicio de mediación que coordino, ya hace años que decidimos no hacer formación a estos jóvenes mediadores, de eso se encargan sus profesores. Nosotros nos encontramos con ellos en lo que llamamos "encuentro entre colegas". En esos espacios compartimos dificultades que cada uno de nosotros tiene como mediador: aquellos casos que nos cuestan, dificultades con las que nos hemos encontrado, alegrías y éxitos... Siempre recuerdo un muchacho de unos 15 años, quien, en uno de estos encuentros, me dijo: "Oscar, lo vuestro es muy fácil, cuando vuestros vecinos no llegan a un acuerdo, no los veis nunca más. Aquí, sin embargo, cuando mis compañeros tienen un conflicto y no se soluciona, yo los tengo que seguir viendo mal cada día en el instituto..." Grande! muy grande! Mi admiración hacia todos los jóvenes mediadores escolares. En L'Hospitalet, unos 150 jóvenes median cada año en conflictos que surgen en sus instituciones educativas. Hace unos años me dirigí a un joven en un espacio público en el que estábamos impulsando un proceso de mejora de la convivencia. Cuando me presenté como mediador, me contestó "yo también soy mediador"... Qué satisfacción saber que por la ciudad corren cientos de mediadores cada año, que no solo han aprendido la mediación sino que también la han puesto en práctica...   

A lo largo de estos años, el Servicio de Mediación Comunitaria de L'Hospitalet se ha señalado, entre otras cosas, por gestionar conflictos de jóvenes en el espacio público, básicamente peleas que ocurrían, fundamentalmente, en el entorno de los institutos de secundaria. Estas peleas, de fuerte impacto comunitario por su vistosidad, generaban una gran alarma social tanto en la comunidad educativa como en el entorno. Estos jóvenes, lejos del estigma de conflictivos o peligrosos que les atribuimos socialmente, han resultado ser excelentes participantes de la mediación. Esto se debe, a mi entender, a diversas causas. Por un lado la plasticidad y la capacidad de aprendizaje de los jóvenes. Por otro lado, el hecho de necesitar un espacio para poder dar salida a situaciones de conflicto que, de no gestionarse, puedetener consecuencias graves incluso para la integridad física. Pero, sobre todo, creo que hay dos características de la mediación que facilita que los jóvenes conecten: es voluntaria ("si no quieres participar no pasa nada") y es confidencial ("lo que tú me cuentes no lo sabrá nadie más a no ser que tú me autorices").   

Mediación familiar

Cuando hablamos de la mediación familiar y  de los menores, como mínimo, surgen dos realidades dolorosamente presentes para progenitores e hijos, las cuales pueden coincidir, o no , con el ciclo de vida de la familia. 
Si seguimos el tiempo de vida de la familia, los adultos que asisten al espacio de mediación familiar lo hacen por estar viviendo una situación de dolor que les hace perder el norte de, hasta ese momento, su proyecto de vida en común, por diversas razones: el desgaste de ese proyecto en común, la diferente evolución personal de cada uno de los miembros de la pareja haciendo que los proyectos de vida personales no comulguen en uno propio, la aparición de afectos externos a ese proyecto común, el darse cuenta de que las creencias y los valores que se creían compartidos no lo son…y seguiríamos anunciando un sinfín de situaciones de vida, de dolor, donde el lugar emocional de cada miembro se pierde, se cambia, desaparece. 

Era ese lugar emocional, su solidez, su estabilidad, el que garantizaba el espacio de protección que todo niño/a necesita para crecer en la seguridad y la aceptación, en la pertenencia a una familia, a sus valores, a su identificación como miembro de…y al confiar, a ser confiado y generador de confianza, a ser amable (digno de ser amado). 

Es ese lugar emocional perdido, distorsionado, confundido, el que los progenitores llevan a la mediación familiar con una finalidad no siempre definida, no siempre clara: a veces porque han perdido la capacidad de escuchar y escucharse, a veces porque quieren “hacerlo bien” eso de separarse, a veces porque quieren aprender a volver a conocerse y otras, quizás las muchas, porque, sencillamente no saben qué les ha pasado, no se han dado cuenta del desgaste emocional que provoca el estar en pareja, en familia, al no atenderse personalmente, individualmente y compartir experiencias nuevas, tesoros emocionales que amplían y enriquecen el proyecto en común que iniciaron hace tiempo. 

Y ahí, entre esas pérdidas están los hijos y las hijas, que en su momento fueron fruto del amor, del proyecto en común y que, sin saber cómo (bueno, si, sin ejercer la consciencia) acaban convirtiéndose en herramientas de intercambio de intereses económicos, herramientas para conseguir el dolor en el otro y/o para calmar el dolor que el otro u otra me han provocado. Herramientas, no hijos o hijas, herramientas, no proyectos en común, ni tan solo, el proyecto individual que cada hijo configura por el hecho imprescindible de ser. 

Resultat d'imatges de mediacion niños


La mediación familiar es el espacio de encuentro para retomar ese lugar emocional que va a permitir, favorecer, poner orden en ese sistema familiar, que la más de las veces no sabe porque ha llegado donde ha llegado y va a ser el espacio donde, los progenitores, van a encontrarse con su adulto para poder continuar ofreciendo a sus hijos ese espacio de protección, que les va a dar seguridad (interna) por sentirse aceptados por ser y darles un sentido a su existencia (pertenecemos a los valores de papa y mama) y llegar a ser personas confiadas y confiables. 

Y si nos centramos en la coincidencia del ciclo de vida de la familia, la otra realidad es que cuando unos padres acuden al espacio de la mediación familiar es porque lo que les pasa, les sobrepasa, como se comenta anteriormente. Lo que les pasa es que, durante muchos años, han dado mucho amor y lo que les sobrepasa, habitualmente es que ese amor se ha desbordado y se ha vuelto en su contra. 

Hablamos de las realidades que empiezan a desbordar los espacios de mediación familiar donde la demanda es: no entendemos a nuestro hijo/a”, “ha cambiado”, “no nos escucha”, “nos insulta”, “nos reta”…”cuando SIEMPRE se lo hemos DADO todo”. 

El ciclo vital de las familias, a veces juega malas pasadas, hace coincidir el momento de la adolescencia (crisis entendida como identificación del sujeto, ese pasar de la infancia a la adultez y que, a veces, para muchos padres dura mucho, no acordándose de la suya) con el momento de la madurez o consolidación de la vida en el momento adulto, aquel que lleva a la persona adulta a notar, no sólo cambios fisiológicos sino también cambios emocionales llegándose a preguntar, de forma profunda, si la vida vivida hasta ahora es la que se quiere continuar viviendo o hay que hacer cambios. 

Esta coincidencia del ciclo vital facilita la confusión de roles y de patrones establecidos hasta el momento sobre todo cuando los progenitores que se acercan al espacio de mediación familiar ejercen estilos educativos cercanos a la permisividad, a la sobreprotección, a la delegación, a la intermitencia o al autoritarismo en su hacer de padres. De hecho, al ser la mediación un espacio de acceso voluntario, la mayoría de los padres que son demandantes del ejercicio de la mediación suelen ser los dos primeros por hallarse en una especie de purgatorio emocional: "les hemos dado todo y nos lo pagan así…ese espacio intermedio es el que les acerca a la consciencia de su ejercicio parental y da pie a iniciar un camino hacia el encuentro con sus hijos/as. 
Los otros estilos educativos tienen aún un largo camino a recorrer hasta llegar a esa consciencia de que algo no funciona en la relación con sus descendientes. 

Retomamos el párrafo anterior y si nos hallamos ante unos padres desbordados de impotencia por tanto amor ofrecido, nos encontramos con unas personas en edad adolescente (la mayoría en la segunda fase de la adolescencia, entre los 13 y los 17 años) que han crecido con la creencia de que tienen la verdad absoluta, que hablan con un tono de falso adulto, que reconvierten las pocas normas que hay en su sistema familiar a su interés y que reconvierten, al mismo tiempo, la jerarquía familiar, sobreponiéndose a sus propios progenitores y erigiéndose, como antes decíamos, en falsos adultos. Esta realidad que sienten les va consolidando, cada vez más, en un ejercicio de tiranía emocional hacia sus progenitores y esa actitud será la que dificultará su asistencia al espacio de mediación familiar. Ahí, en ese momento, es cuando se hace imprescindible fomentar y potenciar la mediación en dos momentos, importantes e imprescindibles: el primero, acompañar a esos padres, progenitores, a que establezcan nuevos canales de comunicación activa y positiva entre ellos para, después, pasar al segundo momento, aquel en que, a través del cambio del lugar emocional que los padres van elaborando, puedan trabajar la posibilidad de la presencia del hijo o hija en el proceso de mediación familiar.  


Niños y niñas, adolescentes,… que son señalados como causantes de conflictos (vecinales, comunitarios, familiares, escolares,…). Jóvenes que median en conflictos de otros jóvenes. Niños y niñas que necesitan que sus padres medien ante la ruptura de la relación. Jóvenes que atraviesan adolescencias que requieren de mediación para recuperar la comunicación con sus padres. Mediación de, con y para niños y niñas.